jueves, 16 de septiembre de 2010

texto sobre palabras que se lleva el viento

Esta mañana resume cansancio. Nuevamente llega Ella a visitarme en la nocturnidad y no me alivia el descanso, sino que lo desordena. Sus tímidas maneras de jugar a lo propuesto, no hacen que baje la guardia ante la palabra, afirmando que a las palabras se las lleva el viento...

Si entendiera que se trata de un mundo donde la palabra no tiene peso, o el valor necesario, y uno debe estampar una firma, o un tatuaje, o una marca, para poder acusar recibo de lo ocurrido. ¿Pero cuanto de violencia encierran esas maneras? ¿Cómo buscar palabras que tengan el suficente peso de si mismas para que no las arrastre el viento?

También sucede que los poetas de melodías suelen asaltarme, rezando a mi oído texturas, que pongo de antesala a la tormenta que se despliega, que se prepara, que revuelve la hojarazca de un otoño en retirada, de una primavera entrante. Ellos son mis cómplices, ellos se sientan en el Central Park, redactan sus ambisiosas historias, me prestan sus borradores y maquetas, ironisan mi historia en aquello que con presición de arquitecto ya ha sido puesto en versos, que en talleres de luthiers se ha musicalizado.

Tal vez Ella tenga razón, y a las palabras se las lleva el viento. Tal vez ella entienda, que una canción puede ser más que todas aquellas palabras que no encuentro, y que su gesto, es generoso, sincero, y no vuela de este estadío, que el ventarrón no las arrastra... Estando aquí, de pié, algunas más y otras menos, salvando las distancias de la vida, aproximando desconfianzas, trepándose a lo complejo.

Así, una a una, van llegando a tu vida, pretendiendo inundar tus oídos, de todo aquello compartido, y que no se lleva el viento, de lo que no hay retroceso.

1 comentario:

  1. No hay retroceso y Ella juega a de-construir lo propuesto acordando las distancias y a un paso cada vez más cerca de lo complejo...

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